Mientras estábamos en Melgar el fin de semana, Adelaida por fin se arrancó el otro diente que tenía flojo. Y como justamente esa noche en el hotel donde estábamos, los niños vieron dos lagartijas (cosa que al principio los asustó, porque una apareció cerca a sus camas), pues concluímos que, o el ratón vino montado en una de ellas, o eran sus asistentes que venían por el dientecito.
Y ayer Juan José casi se traga una muela mientras comía, o sea que don Pérez ya se sabe bien el camino a nuestra casa.